El jarrón español

Captura de la conversación entre el Rey y el priodista Jesús Hermida

Captura de la conversación entre el Rey y el periodista Jesús Hermida

Uno de los momentos políticos del año es el discurso de Navidad del Rey que es, además, la única ocasión en que la Corona se expresa por sí misma sin el control del Gobierno. Ya estamos acostumbrados a relatos planos y poco comprometidos, con la característica de la brevedad de este año. En esta ocasión, Don Juan Carlos tenía otra oportunidad para hablar libremente en la conversación que TVE le ha brindado por su 75 cumpleaños y ni esta ni las dos anteriores apariciones -la del discurso de Navidad y la carta a Cataluña- han servido ni para limpiar su imagen ni para mostrar cercanía con los españoles, en un momento delicado de desprestigio para la monarquía española.

Los ciudadanos no olvidamos ni Botsuana ni Urdangarín y la omisión de referencias a estos asuntos nos irritan todavía más si cabe en una coyuntura tan complicada en general como la que atravesamos. Con esta autocensura el Rey empaña su triste “la justicia es igual para todos” de 2011 y su “lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir”. Somos una sociedad madura y queremos que se nos trate como tal.

Si la conversación con un patético Jesús Hermida era uno de los puntos fuertes del nuevo estilo de comunicación de la Casa Real, más que de cercanía podríamos hablar de distancia. Cercanía era incidir en el terrible presente que viven todas las generaciones, el marco que queda para un futuro inmediato bastante gris y situarse al lado de los españoles y su bienestar.

¿Por qué no tenemos un Jefe de Estado que nos hable con claridad? ¿Por qué siempre tanto hermetismo, tanta censura y formatos encorsetados? Más que un rey, tenemos un jarrón chino. Será un debate difícil de esquivar porque hay muchos españoles que lo que queremos es un Jefe de Estado al que podamos elegir para que, entre otras cosas, hable con claridad, sea transparente y pueda pagar de forma democrática sus errores. Momentos como el de la conversación con Hermida en TVE muestran la insoportable rigidez y anacronismo de la monarquía española.

PD: señor Somoano -director de informativos de TVE-, llame a lo de ayer cualquier cosa menos entrevista.

Represión

Vivimos un tiempo tan complicado y convulso en el que llamar a cada cosa por su nombre siendo claro forma parte del mejor compromiso social. Ello implica alzar la voz una vez más para decir, sin rodeos ni eufemismos, que el Gobierno del Partido Popular se comporta de forma autoritaria y atenta mediante el miedo y la represión contra el derecho a expresarse libremente.

 Ya está bien de tanto abuso; ya basta de criminalizar la protesta y convertirla en violenta para intentar acallarla. La detención de una reportera de La Sexta en Sevilla que cubría una carga policial es sencillamente intolerable. No podemos permitir que a los periodistas se nos impida informar y mucho menos, que se nos requise nuestro material y nuestro trabajo.

 No es casualidad que muchos abusos se produzcan en algunas de las protestas que acaban con la represión de la Policía -que recibe y cumple órdenes-. A pesar de esto, y entendiendo la protesta pacífica y el orden social como algo irrenunciable, me niego a no decir que ya son demasiados los abusos policiales cometidos de forma impune, que arrojan imágenes propias de cualquier país de todo menos democrático: policías que irrumpen en una estación de tren disparando salvas y atizando a todo el que se mueve, disparos directos de pelotas de goma a manifestantes –la normativa obliga a disparar contra el suelo–, porrazos en las cabezas… ¿Dispersión y supuesto restablecimiento del orden o violencia? Todo con el fin de amedrentar a la ciudadanía y prueba de ello son las quejas emitidas por el Sindicato Unificado de Policía que señalan, entre otras cosas, que los mandos de los antidisturbios exigen una mayor contundencia en las actuaciones. Indignante.

 Otro reciente escandaloso caso de represión: El Gobierno regional de Madrid ordena la retirada de las pancartas de protesta que cuelgan de los hospitales públicos de la Comunidad, cuyos trabajadores luchan por la defensa del modelo público sanitario. Orden y amenaza de sanción para reprimir la protesta ¿A qué niveles estamos llegando?

 Señores del Partido Popular, protestar es legítimo. La libertad de expresión y los derechos a huelga, reunión y manifestación son intocables. No estamos dispuestos a permanecer en silencio mientras perdemos todo lo que estamos perdiendo y si lo que pretenden es coartar nuestra libertad, estaremos regresando a un desagradable pasado que muchos insistimos en condenar . Amenazas, represión en las calles y denuncias que no podremos recurrir gracias a sus tasas, pero que les quede muy claro: no tenemos miedo y no vamos a consentir que nos impongan el silencio.

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