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81 años

Hoy hace 81 años desde que la bandera tricolor ondeaba en toda España anunciando un nuevo tiempo; el mejor hasta ese momento: un periodo democrático de libertades y derechos. Un sistema que convirtió a los españoles en verdaderos ciudadanos y que hizo de la libertad y la educación sus pilares básicos y fundamentales. Son muchos los  personajes anónimos condenados al olvido y la muerte  que lucharon porque en España nos alejásemos del palio, el púlpito y el aborregamiento para poder pensar y ser libres. Su memoria debemos defender y combatir a quienes todavía hoy pretenden escribir la historia a su manera. Muchas luces y alguna sombra, como en todo.

La II República instauró un verdadero régimen democrático con garantías constitucionales, el sufragio universal, un estado laico, estatutos de autonomía, defensa del trabajador y derechos laborales, se pretendió que el poder civil estuviese por encima de cualquier otro… Se pusieron las primeras piedras para conseguir lo que más tarde sería el Estado social y democrático de derecho.

El Estado está en deuda con quienes fueron asesinados por defender la democracia y la libertad. Pasan los años y los juicios sumarísimos siguen sin anularse, los fusilados en las cunetas, la verdad oculta… ¿Por qué no seguir el modelo reparador alemán en lo que a memoria histórica se refiere? ¿Por qué quienes se constituyen en el lobby de algunas víctimas no reconocen o pelean por estas? Todas las víctimas de cualquier tipo de barbarie merecen el respeto y reconocimiento propios de la calidad humana.

El único juez que ha intentado dignificar a las víctimas ha sido humillado y separado de su cargo. Ha sido depurado por una justicia que decidió dar voz al fascismo. La aberración jurídica que supuso el régimen de Franco no puede seguir avergonzando a este país. El PP y la Iglesia nos deben una condena rotunda al franquismo porque por el momento no les avergüenza oficiar una eucaristía con la bandera franquista u homenajear al señor Fraga.

Con más de treinta años de democracia, todavía no se ha explicado a la ciudadanía lo que hicieron los fascistas. En las escuelas se debería aprender que hubo un tiempo, al que no podemos volver, en que unos cuantos se hicieron dueños de la vida de las personas. En que acabaron con la dignidad de los que defendían la libertad y los humillaron hasta anularlos como personas, privándoles además de sus trabajos, sus bienes o su vida. No tenemos por qué perdonar; y mucho menos olvidar. Hasta que muchos dejen de pensar que hablar de ello es remover el pasado, queda mucho por hacer. Se ha avanzando algo en materia de memoria histórica, pero parece mentira que en siete años de gobiernos socialistas no se hayan dado pasos de gigante.

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Al pan, pan y al vino, vino

Rajoy instaba hace muy pocos días a llamar a cada cosa por su nombre y siguiendo su deseo, podemos empezar a negarnos a asumir determinadas afirmaciones. Permítanme que discrepe en la idea de que Fraga fue un gran hombre de Estado que amó a España porque resulta más que exagerado a no ser que yo tenga un concepto diferente del amor.

Formar parte de un gobierno opresor y ejecutor es un hecho lo suficientemente relevante como para no honrar o deshacernos en elogios hacia este buen señor. Sí, participó en la redacción de la Constitución, pero no olvidemos que ocho de sus dieciséis diputados en 1978 no la votaron.

En España queda mucho por hacer en memoria histórica porque mientras nunca nadie ha respondido por la opresión, las víctimas siguen condenadas al olvido, e incluso a alguna cuneta u hoyo perdido en medio del campo.

No hace mucho tiempo he podido comprobar cómo los alemanes sí han querido y sabido recuperar la memoria, con una serie de gestos encaminados a un constante reconocimiento a las víctimas del Holocausto judío y el máximo empeño en educar a la sociedad para intentar no cometer los mismos errores en un futuro. Jamás entenderían que en España nadie haya respondido ante la justicia; que los verdugos sigan teniendo calles, plazas y todo tipo de honores; que un juez valiente esté condenado por reparar a las víctimas o que un gobierno y varias administraciones se deshagan en halagos y mitifiquen a un político que se va sin condenar la barbarie ni ser juzgado.

Los gobiernos de Zapatero impulsaron la recuperación de la memoria pero no hicieron lo suficiente y ahora nos gobierna un partido que debería empezar por condenar la Dictadura franquista. Nosotros, como sociedad, tenemos que abandonar la hipocresía: máximo reconocimiento a todas las víctimas de cualquier tipo de terrorismo y nunca mantener una actitud distinta para cada una de ellas porque, para esta cuestión, no existen los colores; sólo la humanidad.

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