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El desastre

Las dos elecciones de este 21 de octubre dejan un mensaje contundente: el PSOE está hundido. Ya no valen lamentos, ya no valen excusas, ya no hay paño caliente que tape esta realidad: la cúpula de un partido secuestrado es la única responsable de la dolorosa fractura con sus votantes que le ha llevado al desastre.

 Dejando a un lado el mal resultado en Euskadi –con todo lo excepcional de su contexto social y político–, los comicios gallegos demuestran la quiebra absoluta a la que antes me refería. Pero hablemos de votos y dejemos a un lado el reparto de escaños: el PP de Feijoo obtiene más doble de papeletas que el PSdeG y éste a su vez, no queda casi ni a cien mil votos de la coalición de izquierdas AGE (IU). A esto, sumemos que el PP ha perdido algo más de cien mil votos respecto a 2009 y doscientos mil a 2011. ¿Dónde estaban los votantes del PSOE? En casa, en el voto nulo, el voto blanco y en Izquierda Unida. Esto está bastante claro.

 El PSOE no debe acometer una serena reflexión sino una profunda reestructuración a todos los niveles. En Galicia no se enfrentaba a una reválida y la situación que atraviesa España con los recortes de Rajoy no hace falta describirla como para adivinar que el socialismo español no atraviesa una mala coyuntura sino que vive una fortísima caída que no parece tener fin (en las Generales el PSOE obtuvo en Galicia casi el doble de votos) . Se trata de un problema de desconfianza muy serio.

 La última vez que este partido se paró a reflexionar, con el empuje de los camisas viejas y de espaldas a lo que la militancia le pedía, apostó por situar al frente a quien acababa de obtener en las urnas los peores resultados de la democracia. A Rubalcaba y a Elena Valenciano que dirigió su campaña y hoy ocupa el puesto número dos en España y en Europa. Los mismos que este domingo no han salido en público a reconocer como suyo el fracaso gallego.

 La falsa ilusión del gobierno andaluz fue muy celebrada por quien hoy no debería seguir al frente del PSOE. Rubalcaba ha venido diciendo en los últimos meses que los malos datos que arroja el CIS no son tan fiables como la mejor encuesta posible: el paso ciudadano por las urnas. Pues bien señor Rubalcaba, aquí tiene su encuesta ¿Por qué antes de preguntar a los españoles si confiamos en él no preguntan a sus militantes si ellos mismos le quieren? Ha estado muy presente en la campaña gallega y estos son los resultados.

 En un momento tan crítico como el actual, con una fuerte contestación ciudadana y una huelga general convocada a la espera de un inminente rescate, el PSOE no es alternativa. Los ciudadanos ni conocen su proyecto ni mucho menos se identifican con él. Es su electorado el que más sufre esta terrible crisis –o este descarado atraco– y por el que menos ha parecido estar mirando.

 Pasado el más que seguro golpe en Cataluña, el PSOE podría y debería empezar por dar voz a su militancia. Por entender que los dueños del Partido son sus militantes y no las cúpulas; que son ellos quienes tienen que hablar de oposición crítica o útil; monarquía o república, modelo económico, democracia interna, corrupción, limitación de mandatos… que no existe nadie por encima que mantenga el equilibrio o más bien, su equilibrio. Y para todo ello, cambiar de rostros y elegir siempre a los mejores en POLÍTICA y no en buscar un buen sueldo. Acabar con los gestores y sus debates técnicos para hablar de principios. El líder del PSOE tiene que volver a hablar de igualdad de oportunidades, de justicia social, de solidaridad y cooperación, de freno al mercado, de derechos y relaciones laborales… y hacerlo después de mirar a la cara a sus militantes, simpatizantes, votantes y en definitiva a toda la ciudadanía, para decir alto y claro: nos hemos equivocado y estamos aquí para volver a recuperar la confianza necesaria para cambiar las cosas. Solo así resultará creíble.

 El debate no es fácil y la renovación necesaria no se resuelve en un fin de semana en Sevilla. El PP no avanza en votos pero quien más retrocede es el PSOE. Esta debacle es también una muy mala noticia para los españoles que ven como una derecha sin oposición mayoritaria destruye nuestro Estado Social. Y hablando de todo un poco, con el objetivo de Rajoy cumplido en Galicia, el rescate que nos dará la puntilla está ya a la vuelta de la esquina.

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Ellos #vanaportodo y vosotros ¿dónde estáis?

Reforma laboral que dinamita los derechos de los trabajadores, recortes en educación, investigación, dependencia, copago en sanidad, subida del IVA, cada día más paro… Y, ¿dónde está el PSOE? ¿Cuál es su alternativa?

Tras ser castigados en las urnas por los errores cometidos en la gestión de la crisis, los socialistas parecen no haber encontrado aún un proyecto claro que defender sin complejos. Anunciaron en sus congresos la respuesta socialista pero, de momento, no llega. Van relevando  sus ejecutivas a todos los niveles con la idea de  renovación y cambio, aunque la sensación es que sus giros son lampedusianos: que todo cambie para que todo siga igual.

El PSOE tiene un problema de credibilidad al que podía haber hecho frente con una renovación y revisión profunda en todos los sentidos. Ante este gobierno del PP, que no hace otra cosa que complicar la vida a su ciudadanía con medidas que dictan desde fuera y que solo agudizan la recesión, los dirigentes socialistas van dando palos de ciego en situaciones forzadas que solo  hacen que irritar a muchos de los suyos. Dos ejemplos muy claros: ordenar a sus diputados que acudiesen al Congreso el día de la huelga o salir ante los medios diciendo que el PSOE no comenta la vida privada del Rey tras el incidente en Botsuana.

De nada sirve alabar desde el atril socialista a Hollande como esperanza para la izquierda o hacer un vídeo cada vez que el PP saca de nuevo la tijera. Muchos ciudadanos esperan otra cosa. Quieren que la oposición mayoritaria defienda sin vacilaciones la alternativa a la derecha española y europea, escuchando lo que la calle les pide y acudiendo a ella para denunciar el ataque. Ya hay muchos que piden desde dentro mayor firmeza en sus acciones para diluir así  la tibieza que muchos progresistas perciben.

No se perdonaron los errores cometidos en el gobierno, pero tampoco se perdonarán los errores y las posturas mantenidas en la oposición en esta realidad desoladora. Por si fuera poco, los socialistas tendrán que convencer  muy bien al electorado de que, esta vez, se toman en serio viejas consignas como los impuestos a los ricos o el fin del paraíso fiscal de la Iglesia -por poner un ejemplo- . Lanzar una idea en la oposición y no llevarla a cabo cuando se gobierna, o hacer justamente la contraria ya no vale para nadie. Estamos escarmentados.

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